Por Julián Núñez González
«La Borricá». Esta fiesta tradicional, que se celebra el martes de carnaval, tiene gran transcendencia en Torrenueva, puesto que sus habitantes sienten una gran devoción por las ánimas benditas del purgatorio. El correr la bandera se hace en agradecimiento por haberles resuelto algún problema, personal o familiar, por lo general de gran envergadura física o moral.
Su origen. Muchas de las hipótesis que se han barajado acerca del origen de «La Borricá», se refieren a que «proviene de la época sarracena en España»; otros que su origen « renace de la acción de gracias que en Torrenueva se producía tras la llegada de heridos o enfermos en las campañas de Flandes, organizándose estas fiestas en honor a las ánimas del purgatorio»; otra nos dice que la fecha de «el 12 de febrero de 1559 Pedro García Bermejo funda un Capellanía de ánimas del purgatorio» y añade que «también pudiera unirse a su origen la Cofradía de la Vera Cruz, puesto que su bandera de ánimas es en parte el adorno que tenía el paño de enterramientos de esta cofradía: una cruz y tres calaveras con huesos atravesados debajo»; según otra hipótesis «dicha fiesta se viene celebrando desde el siglo XVIII a consecuencia de una epidemia de peste acaecida en Torrenueva»; y por otro lado «es la de San Odilón de Cluny, que instituyó la conmemoración de los fieles difuntos (2 noviembre) entre los años 962 y 1049, como una práctica obligatoria en su comunidad, que debía ofrecer limosnas, oraciones y sacrificios por todas las almas del purgatorio».

Un antecedente histórico que apareció en relación a esta fiesta es un cuaderno particional fechado en Torrenueva el 1 de agosto de 1794 y que literalmente dice: «Matrimonio: Alfonso del Rio y Josefa Matas, hija Juana del Rio Matas, casada con Ramón Sánchez. Contador de partición José Sánchez Velasco. Promesas que en ellas se mencionan: una a Nuestra Señora de Guadalupe, otra al Santísimo Cristo de Yedra y otra a la Cofradía de Ánimas, un año en esta Villa, y de todo su coste la mitad que ha de rebajar de la hijuela de la hija, pues la otra mitad es cargo de la viuda»
Se carecía de documentación al respecto que hiciera mención específica al origen y desarrollo de La Borricá, pero gracias a la labor de D. Juan Jiménez Ballesta, mientras elaboraba el libro La Villa de Torrenueva en su Historia. Y tras muchas investigaciones en el arzobispado de Toledo, descubrió un legajo que habla del origen de la fiesta.
Este documento consta de una serie de cuestiones que se inician el 3 de septiembre de 1694 y finalizan el 1 de octubre del mismo año, en las cuales se establece: «Es condición que ha tenido de mucho tiempo a esta parte en los días de carnestolendas, algunas personas devotas de la benditas ánimas del purgatorio y celosas de Dios fomentaron de salir en los días de carnestolendas con disfraz de soldados haciendo con ellos los bailes y juegos indecentes que se acostumbraban a hacer llevando así mismo su fin y motivo de pedir limosna y hacer ofrecimiento público a la parte de la iglesia y lo que así recogían y ofrecían se convertía en hacer bien por las benditas ánimas del purgatorio y desde que se dio principio se ha continuado con mucho aumento de tal forma que salen dos compañías, la una en la forma que dio principio y la otra de gala, haciendo cada una por su parte diligencias de pedir de más del ofrecimiento que de más haya a la puerta de la iglesia asistiendo la clerecía y la justicia y el común del pueblo y todo se convierte en dicho efecto de hacer bien por las ánimas de más de las honras que se hacen con oficios de difuntos…»
Evolución. Desde 1694, la fiesta de La Borricá ha ido evolucionando a través de los años. Algunos de los factores que han influido en este proceso evolutivo ha sido la mecanización de las faenas del campo y, con ello, la desaparición de mulas y asnos, lo que ha dado lugar a la sustitución de forma radical de dichos animales por caballos. Hecho que sin duda ha sido esencial para el desarrollo de la fiesta y que han aportado con gran gratitud y veneración a las benditas ánimas los vecinos, foráneos y sobre todo la «Asociación Ecuestre Nuestra Señora de la Cabeza» de Torrenueva. Otra figura que se incorpora en este ritual a principio del siglo XX es la del pelele, muñeco de trapo que se cuelga en las inmediaciones de la casa del abanderado, con el fin de repeler a los «malos espíritus» y así proteger la bandera una vez expuesta sobre la ventana o balcón del abanderado. A mediados de los años 90 se incluye también la actuación de la Banda de Música Municipal que interpreta el himno nacional, mientras el abanderado pliega la bandera. Otra variante en esas fechas es la desaparición del disfraz, símbolo pagano que sin lugar a dudas fue parte importante en el origen de esta fiesta. También se incorporó el responso, acto de plegarias y bendiciones que el párroco realiza en el atrio de la iglesia a la bandera y a los jinetes. Otra de las novedades adoptadas, eso sí, de forma opcional, es el recorrido hasta la ermita de nuestra patrona La Virgen de la Cabeza.
En el caso de que un año ocurriera la falta de abanderado, el pueblo, y en su representación el Ayuntamiento se haría cargo de la fiesta, sorteando entre los vecinos que así lo solicitaran el ser abanderado. Todo esto ha servido y sirve para que esta fiesta de La Borricá siga manteniéndose viva, sin perder su esencia, que es la devoción que los torreveños sienten por las ánimas benditas del purgatorio. Un legado que ha sido y sigue transmitiéndose de generación en generación. Sentimientos y tradiciones que siguen latentes en las gentes de Torrenueva y en su comarca de Campo de Montiel.
Desarrollo actual de la fiesta. Nueve días antes del martes de carnaval, el vecino que ha hecho la promesa acude a la casa del párroco para «ratificar» la bandera (puede darse el caso de que en el mismo año haya dos abanderados). A continuación, la llevaría a su casa y durante nueve días será honrada mediante la puesta de lamparillas y la celebración de un novenario de ánimas.
La bandera es un paño de color negro, bordeado con una franja de color amarillo y en su interior tiene una calavera sobre dos tibias cruzadas.
A las ocho de la mañana del martes de carnaval, el abanderado coloca la bandera sobre la ventana o balcón de su casa. Acto seguido, coloca también sobre una cuerda que atraviesa la calle, el pelele, que estará suspendido hasta finalizar la fiesta, para posteriormente ser quemado.
A media mañana, el abanderado, familiares y amigos se dirigirán a la iglesia parroquial para celebrar un funeral en memoria de los difuntos.
A las dos de la tarde, la bandera que ha estado ondeando durante toda la mañana se baja con devoción y recogimiento por el abanderado, tal y como se hacía antes, acompañado con el retumbar del tambor; ahora con los acordes del himno nacional. Terminado el acto, el abanderado recibe la bandera una vez subido a lomos de su caballo y a las órdenes del sonido de un tambor que va portando un jinete, junto a otro que lleva un bastón de mando. Más de un centenar de jinetes lo acompañan, llevando sobre sus hombros pañuelos que simulan la bandera de ánimas, y se dirigen hacia la iglesia parroquial donde les espera el párroco y multitud de vecinos para oficiar el responso. A partir de aquí, el abanderado y su séquito inician el recorrido por las calles del pueblo.
En su recorrido es obligatorio pasar por las ermitas de la localidad; primero por la del Santo Cristo de los Remedios, lugar donde hubo hace tiempo un cementerio municipal (anterior al año 1913) y posteriormente a las de Vera Cruz, San Juan y San Antón. Posteriormente se dirigen al cementerio municipal que se encuentra a las afueras del pueblo y opcionalmente, si así lo requiere el abanderado, a la ermita de la Virgen de la Cabeza.
Durante el recorrido, los jinetes de vez en cuando se dirigen a la casa del abanderado donde son invitados, al igual que toda aquella persona vecina del pueblo o foránea al típico puñao, limoná, buñuelos y a una gran variedad de dulces propios de la zona.
Alrededor de las seis de la tarde y al compás de los repiques de las campanas que indican la hora del ofertorio o de ofrecer, el abanderado y su séquito se preparan en formación para este acto. El párroco con una bandeja en la mano y asistido de otras personas le espera en la puerta de la casa parroquial. Primero pasa el abanderado, con lágrimas en los ojos, en total recogimiento y fervor, enrolla la bandera y se la entrega al párroco, junto con un sobre que contiene un donativo para las ánimas, mientras se escuchan los aplausos de la multitud de vecinos allí asistentes. En segundo lugar pasa el familiar que porta el bastón y su donativo en mano. Después si hubiere otra segunda bandera pasaría ésta y si no, lo harían en fila de a uno todos los jinetes que han acompañado durante el recorrido. Terminado este desfile, los vecinos del pueblo, que previamente habían ofrecido una bandera de bolsillo en agradecimiento a las ánimas por promesas menores, la depositan junto a sus donativos. En este momento, se da por cumplida la promesa.
La fiesta de La Borricá no tiene otro fin que allegar fondos para sufragar los gastos de novenas, misas y funerales a las ánimas benditas y así evitar que las almas de los antepasados anden errantes. Aunque también se emplean para la restauración del Templo Parroquial y las ermitas de la localidad.
Declaración de FITR. Se han necesitado muchos años de esfuerzo para conseguir que esta entrañable fiesta de La Borricá haya sido declarada Fiesta de Interés Turístico Regional.
Para ser declarada Fiesta de Interés Turístico Regional, se necesitan una serie de requisitos que establece el Decreto 32/2006 de 21 de marzo de 2013, que han sido demostrados y acreditados debidamente, tales como: antigüedad de la fiesta, originalidad, tradición popular y etnografía, demostración de su futuro, periodicidad de la fiesta, calidad de los actos, trascendencia de la fiesta en la afluencia de visitantes, etc.
Cumplidos todos estos requisitos y en virtud a la resolución de 30/04/2014, de la Dirección General de Turismo y Artesanía, se concedió la Declaración de Fiesta de Interés Turístico Regional de Castilla-La Mancha a la denominada La Borricá de Torrenueva Ciudad Real.

FUENTES:
La Villa de Torrenueva en su Historia. Jiménez Ballesta Juan
Libro de ferias y fiestas 2014. Ayuntamiento de Torrenueva
Cuaderno de apuntes históricos. A.G. P.
Nota del editor. El 10 de Febrero de 2026, el cupón de la ONCE llevó impreso la ilustración de esta Fiesta de Interés Turístico Regional.
